Monday, July 04, 2005

Introducción (I parte)

La voz de la azafata sonó más dulce de lo habitual cuando preguntó a la niña si la esperaban en el aeropuerto de destino.
- Sí -contestó con sequedad-.
Parecía impaciente por acomodarse en su asiento, la cola se le estaba haciendo insufrible.
- ¿Quién? -insistió la azafata.
- Mi padre.
- ¿Quien te ha traído es tu mamá?
- No -dijo la pequeña.
- ¿Es alguien que trabaja en el aeropuerto? La he visto en la sala de embarque y tenía uniforme.
- Es mi tía.
La conversación se acabó con una última sonrisa de la azafata.
- Llegaremos muy pronto, ya verás.
Finalmente, todos los pasajeros nos sentamos y el rastro de la niña se perdió en alguna butaca. Desde la mía sólo podía distinguir las cabezas que sobresalían del grupo de hombres bien peiandos que llenaba el avión. En aquel puente aéreo apenas si viajábamos una docena de mujeres.
Estuve a punto de levantarme para contarlos. El vicio de las estadísticas. Llevaba meses buscando cifras sobre las mujeres que tienen la custodia monoparental de sus hijos y sobre los hombres a los que se la deniegan; datos sobre las horas que dedican los varones al cuidado del hogar; información sobre la promoción laboral de unos y otras. Muchos días dedicados a reflexionar sobre la paternidad y la maternidad en la España actual.
Y allí, sentada en aquel avión, a las ocho de la noche, me pregunté quién estaría cuidando de los hijos de todos aquellos ejecutivos. ¿Cuántos de ellos estarían separados o divorciados? ¿Cuántos pagarían una pensión? Y, sobre todo, ¿cuántos pensarían que era injusto hacerlo?

1 Comments:

At 6:11 PM, Blogger edhill7769 said...

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